sábado, 28 de febrero de 2015

Una marquesina y algo más

Con la demolición del conjunto de casas de calle San Martín al 200 --en Bahía Blanca--, también dejó de ser parte del paisaje urbano una de los ejemplos que lucían en su frente una atractiva marquesina de hierro y vidrio, una incorporación curiosa de algunas viviendas de la época, que comenzaban a aceptar a esos materiales, de fuerte impronta industrial, en sus frentes. El modelo también seguía las líneas que el arquitecto Héctor Guimard había ideado para las entradas del metro de París de principios del siglo XX, resueltas en el curvilíneo art nouveau. Contadas fotos dan cuenta de esta propuesta artística que hoy dejó de ser.

"Suspendida en el abismo, la vida de los habitantes de Octavia es menos incierta 
que en otras ciudades. Saben que la resistencia de la red tiene un límite". 
De Las Ciudades Invisibles, Italo Calvino.


miércoles, 25 de febrero de 2015

La casona de Morado Veres

Casi treinta metros de frente borrados de un plumazo. En calle San Martín al 200, en pleno microcentro, un velo negro y un cerco de chapas esconde la demolición de la casona que fuera propiedad y vivienda familiar de Adrián Morado Veres, uno de los primeros médicos de la ciudad, reconocido además por ser el primer vecino en pasearse por las calles bahienses a bordo de un automóvil (1901). Si bien no hay todavía una presentación en el municipio referente a lo que se pretende realizar en el lugar, su primer nuevo uso será el de cocheras.

Treinta metros de frente borrados de la geografía urbana. San Martín al 200.
El grupo de casas, con su frente simil piedra, meses antes de la demolición.
Recreación de la cuadra a prinicipios de siglo XX, con la Farmacia Española y el lateral de la tienda Blanco y Negro.

sábado, 21 de febrero de 2015

Estaciones de otros tiempos.

Avenida Colón y Saavedra. Estación de la "Westin", 1932
Fue una de las primeras estaciones de servicio establecidas en el país por la West India Oil Company, compañía petrolera de capitales norteamericanos que elaboraba combustible en su planta de Puerto Galván a partir del petróleo traído de Challacó, en Neuquén. Aquel primer diseño del edificio era una maravilla de arquitectura utilitaria, diseñada con toques pintoresquistas para una obra de líneas modernas, que expresa claramente su uso y destino. Fue demolida en la década del 50 para dar lugar a una especie de chalé --como parte del cambio de imagen de la empresa, ya convertida en Esso, y modernizada en los 90. Hoy la esquina está fuera de operatividad y el edificio semidemolido.

Avenida Colón, vista hacia la esquina de Saavedra

miércoles, 18 de febrero de 2015

El Racionalismo que no tuvimos.

No se destaca Bahía Blanca por sus obras Modernas, aquellas derivadas del movimiento arquitectónico que, a partir de la década del 20, modificó, de la mano de los denominados Grandes maestros (Walter Gropius, Mies Van de Rohe y Le Corbusier), la manera de diseñar de acuerdo a los nuevos tiempos de la máquina. Hubo, sin embargo, una interesante posibilidad que no llegó a concretarse de contar con un trabajo de esas características, a partir del concurso de anteproyectos realizado en 1939 para el edificio del que sería el Sanatorio Belgrano, a ubicarse en la esquina de Belgrano y Soler, propiedad de un grupo de médicos liderado por Francisco Berardi.
Se invitó para eso a diez estudios de arquitectura, y hubo tres trabajos finalistas y, por último, un ganador. Ese trabajo pertenecía al estudio porteño Varela, Campini y Delfino, y muestra un valioso ejemplo del racionalismo, con volúmenes puros, sin ningún tipo de ornamentación en sus muros y la esquina resuelta con una curva de reminiscencias art déco.

Sanatorio Blegrano. Primer premio.


El segundo premio fue adjudicado al estudio local integrado por Manuel Mayer Méndez y Stahil, que presentaron una propuesta de líneas similares, dentro de las ideas que impulsaba el movimiento moderno.

Mayer Méndez-Stahil. Con el lema "Vedas" recibieron el segundo premio.
La elección de los trabajos estuvo a cargo de una comisión conformada a tal fin, integrada por Pedro Cabré Moré, en representación de la Comisión de Estética Edilicia del municipio, el ingeniero Jorge Arango, por el Colegio de Ingenieros, el ingeniero Néstor Casanova, por los médicos, y los doctores Berardi y Galtier por los propietarios. Por diferentes motivos la obra finalmente no se concretó, aunque deja este puñado de ideas que dan cuenta de como también por estas tierras comenzaba a tener cabida una nueva manera de pensar los edificios.