sábado, 29 de noviembre de 2014

CASAS VIEJAS (Y UN POEMA)

Casas viejas de una Bahía que ya no existe. Qué respondía a otros ritmos, silencios y aromas. Una ciudad que conoció el paso del tranvía y la tierra de otro polo que no ardía. La Bahía de la lejanía, del puerto inglés, del ferrocarril omnipresente. Una ciudad con casas chorizo, rodeada de barrios obreros, de apellidos ilustres, de sueños y pesadillas. Han borrado las casas, han quitado los adoquines y han sombreado las tardes. Hay una nueva ciudad, que cada día también es borrada. Para dar paso al mañana de hijos y nietos. De otros que miraran nuestras fotos, como nosotros miramos las de ellos. Entre la nostalgia y la resignación de una vida que quisiéramos eterna y que los años pisan en un suspiro.

Avenida Alem 71, 1934
Patricios 75, 1934
Avenida Colón 36, 1934
Alsina 544, 1934
Vicente López 540, 1934


Un patio

Con la tarde
se cansaron los dos o tres colores del patio.
Esta noche, la luna, el claro círculo,
no domina su espacio.
Patio, cielo encauzado.
El patio es el declive
por el cual se derrama el cielo en la casa.
Serena,
la eternidad espera en la encrucijada de estrellas.
Grato es vivir en la amistad oscura
de un zaguán, de una parra y de un aljibe.

JL Borges

sábado, 15 de noviembre de 2014

La ciudad que se borra


Casi 50 metros de un plumazo. Así de violento, así de simple. Un conjunto de cinco casas linderas están siendo demolidas por estas horas, a partir de Chiclana y Villarino, esquina donde por años funcionara una particular casa de antigüedades. Mientras esa primera propiedad todavía no da cuenta de su futuro, en el otro conjunto ya se anuncia se reconversión en un estacionamiento. No son bienes patrimoniales y hasta se puede considerar que, desde lo arquitectónico, son obras de menor cuantía. Pero han sido parte de la ciudad por casi un siglo, las primeras construcciones armando ciertas esquinas y poblando ciertas cuadras. Han contenido historias, familias, silencios y olvidos. Serán borradas a pesar de sus muros de gran espesor, de su herrería forjada para siempre, de sus vidrios sin esmerilar.


"Si Armilla es así por incompleta por haber sido demolida, si hay detrás un hechizo o sólo un capricho, lo ignoro. El hecho es que no tiene paredes, ni techos, ni pavimentos; no tiene nada que la haga parecer una ciudad, excepto las tuberías de agua que suben verticales donde deberían estar las casas y se ramifican donde deberían estar los pisos". De Las Ciudades Invisibles, Italo Calvino.