jueves, 23 de septiembre de 2010

Todo es plaza


La demolición de la casona de Zelarrayán y Sarmiento abrió una esquina para un nuevo emprendimiento edilicio, la torre La Plaza, de 15 pisos y 100 departamentos de un dormitorio, "premiun". El paisaje urbano, hasta tanto comience a florecer la estructura, es en parte el que refleja esta imagen, donde todo es "Plaza", la torre, los ómnibus, la plaza. Postales de una ciudad que cruza la primera década del nuevo siglo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Cae Alem


No es la primera. Pero muestra como el progreso no respeta calles ni avenidas. Ahora es el tiempo de los chaléts de la avenida Alem. En este caso una típica vivienda de esta arteria que supo ganar jerarquía con su arquitectura de pintorequista, con chaléts californianos, vascos, Mar del plata y otros. Por estos días hemos perdido uno. Gracias Héctor Herro por las fotos.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Alem de colores


Una postal cargada de historia, detalles y falsedades. Por un lado, el coloreado ficticio que convirtió en rojo fuerte la cúpula de la casona de la avenida Alem y Sarmiento, a la derecha, terminada en revoque símil piedra en la realidad, y también la cubierta del teatro Municipal. A la izquierda, en primer plano, idéntico color resalta el techo del mirador de la casa Coleman, ese sí de tejas. Un color mostaza disfraza las columnas de iluminación que hasta 1967 la avenida lució en el centro de la calzada, cuyo color real era plata o aluminio. Un detalle adicional que permite ubicar esta foto entre 1949 y 1955. La postal tiene en su extremo superior izquierdo la leyenda "Teatro 17 de Octubre", tal la denominación que el gobierno peronista de Norberto Arecco le puso al teatro Municipal y que ocupó ese tiempo. En esos mismos años (entre 1952 y 1955) la avenida Colón pasó a llamarse "avenida Eva Perón" e idéntico nombre, Eva Perón, tomó el Policlínico (actual Hospital Penna). Un detalle adicional. En noviembre de 1946, cerrando su campaña electoral, Juan Domingo Perón llegó a Bahía Blanca junto a Evita, por entonces poco menos que una desconocida. A la tardecita de aquel día, ambos saludaron al pueblo bahiense desde el balcón central del primer piso del teatro Municipal.