domingo, 11 de abril de 2010

Cien años después

La mañana del 11 de abril de 2010, vecinos bahienses procedieron a retirar y abrir la caja de plomo colocada el 25 de mayo de 1910 por otro entusiasta grupo de habitantes de esta ciudad debajo del pedestal de la estatua al general José de San Martín inaugurada aquel año del Centenario. La crónica periodística de un siglo atrás daba cuenta de todos los testimonios colocados dentro de tan especial recipiente: periódicos de la época, la revista Caras y Caretas, guías sociales, medallas, el acta inaugural del monumento e incluso la tinta china y la pluma conque se escribió ese documento.



Los bahienses de 1910, luego de inaugurar el monumento a San Martín y colocar la caja de plomo para que generaciones futuras reciban ese legado.


Los herederos de aquel sentido legado de 2010. Entre la foto superior y la inferior un siglo de diferencia, un pestañeo, un respiro vital. También la trascendencia de la continuidad, la justificación de la vida, ser el presente de aquel pasado, el pasado de nuestro futuro.

A pesar del plomo herméticamente cerrado, el paso del tiempo no fue contemplativo con el contenido de la caja y la mayor parte del material se encontró seriamente dañado por la humedad. Estaba intacto (impecable) el acta fundacional, colocada en un tubo de plomo, separado de la caja.


Como en 1910, un grupo de obreros a pura fuerza y con una soga moviendo la pesada caja de plomo.


Uno de los pocos testimonios contenidos por la caja que se mantuvo en regular estado: una guía social de 1910, el año del Centenario.

La Asociación Cultural Sanmartiniana, principal impulsora de recuperar este testimonio de cien años atrás, anunció que el próximo 17 de agosto se colocará una nueva caja en reemplazo de la exhumada, con testimonios de estos días y con la idea de que sea abierta en el año del Tricentenario, un inverosímil 11 de abril de 2110.

2 comentarios:

Lelé dijo...

Qué notable, Marito. Me resulta muy pintoresca la labor de los tres obreros con casco que retiraron la piedra.

Mario M. dijo...

Lelé, que lindo que el glamour regrese a estas modestas páginas...