miércoles, 26 de agosto de 2009

Casas que se van: San Salvador al 200

Es cuestión de minutos. Un cerco precario, ningún cartel de obra ni número de expediente. Una topadora, unos cuantos mazasos y la casa es parte de la historia. En este caso, un asiduo visitante del blog y destacado apasionado por la ciudad alcanzó a tomar unas pocas fotos de esta casa de calle San Salvador, a pocos metros de Rodríguez. Como curiosidad, también aparece un banco del patio donde se ubicaba una singular obra artística. Junto con las fotos, el sentido texto de quien registró la escena.


La pala en plena demolición, chaperío de por medio.


Vigilancia policial sin sentido.



El escrito que acompañaba las fotos:

"Hoy anduve caminando por ahí....más vale me hubiera quedado en casa. El Primer episodio lo viví en calle San Salvador al 200, una pala retro (la mal llamada topadora) un polvaredal, una fila de camiones expectantes, un grupo de empleados y algún mandamás, y unas vecinas en ataque de nervios. Una chica estaba visiblemente conmocionada, en lágrimas y temblando. Parece que demolieron una casa, toco de oído..., que los vecinos la querían o estaban indignados porque estaba en buenas condiciones. Un muchacho que manejaba el diálogo y fue amable y me dejó pasar a documentar. La dueña vendió y el que compró demolió y chau. Sin cartel alguno, sin nada, apoderándose de la calle, bah! lo de siempre. Allegados a estas mujeres estaban metiendo uan denuncia en el juzgado y llamaron a un inspector municipal. El hombre vino, saludó como corresponde y observó el tema tránsito. Lo demás se lo llevó la pala.
En el fondo del patio un banco, de piedra laja y azulejos con un muralito, de esos que tanto me gustan, y un gaucho...con la cara rota. Bueno, por lo menos la china no lo vió llorar en tan triste despedida.
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Caen las casas. En esa zona voltearon cuatro. Caen...como moscas! y la cara de Bahía va cambiando. Como esas señoras que se estiran y estiran y pierden sus rasgos...y terminan pareciéndose a cualquier monstruo de pesadilla plástica".
(Gentileza Héctor Herro)

sábado, 22 de agosto de 2009

Cuestión terminal (plus)

"Tal o cual verso afortunado no puede envanecernos, porque es don del Azar y del Espíritu; sólo los errores son nuestros". Jorge Luis Borges, del prólogo a Elogio de la Sombra, 1969


La habilitación del nuevo sector para el despacho de cargas y encomiendas exigió también la adecuación a ciertas cuestiones no tenidas en cuenta. Por eso, en el sector de atraque de los ómnibus hubo que recurrir a los viejos cordones de granito de la ex estación de trenes para improvisar unos topes.



De paso, una muestra comparativa de la nueva estética de la terminal, ahora que ha desaparecido el valioso galpón ladrillero que le servía de contraste, permitiendo el rico encuentro de materiales, realzando la convivencia entre la arquitectura ladrillera y la moderna, esa riqueza de matices y lenguajes que hacen la diferencia entre una ciudad viva y respetuosa de una nueva y sin pasado. Se ha perdido además esa valiosa cortina queocultaba casi con pudor la visual de la nueva terminal generando cierta inquietud en el paseante para sorprenderlo luego con la nueva obra. No es certero el argumento ensayado desde el municipio que el galpón era "una obra vieja" que deslucía al nuevo edificio. Por el contrario. Se enriquecían mutuamente.


viernes, 21 de agosto de 2009

Cuestión terminal



Más allá de ser una obra magnífica, un adelanto en materia de puerta de acceso a una ciudad que pretende posicionarse de buena manera en el mapa argentino, la nueva terminal de ómnibus de Bahía Blanca no deja de sorprender por algunas cuestiones que posiblemente se vayan solucionando en el tiempo, pero que hoy dejan en claro como algunas malas decisiones de proyecto quedan manifiestas en huellas, topetazos y recursos.


Un camino que baja y se pierde


Cómo los ómnibus que dejaban la terminal no respetaban o entendían cual era el camino de salida y acostumbraban tomar el más corto (por calle Brown), se improvisó este sistema de indicación de carriles, mediante escombros, trozos de hormigón y algún que otro elemento semi-contundente.


El peor error
La demolición del galpón de cargas. Una demolición insensata e injustificada.




Traba puertas adoquinados


Parece que los vientos y la falta de brazos hidráulicos generan movimientos inadecuados en las puertas, de manera que alguien encontró que los adoquines retirados de la vieja terminal podían servir para algo. Y ahí están...


Señalética





Un improvisada área destinada al estacionamiento de quienes llevan alguna encomienda a la terminal obligó a adoptar una señalética especial, consistente en saldos y retazos de hormigón, carteles usadas y tambores de 200 litros como buenos sostenedores. Una pinturita.


Una cabina colorida



Nos son colores colocados por algún artista contratado ni una manifestación de los alumnos de artes visuales. Desde su inauguración, los ómnibus que utilizan las primeras 15 dársenas tiene problemas al dar marcha atrás para retirarse y se chocan con mucha frecuencia la torre de control. Los colores son consecuencia de esos roces.


La torre de control, expuesta a continuos choques.


Nacido para caer



El lugar era de riesgo. Una isleta donde maniobran los 200 ómnibus que cada día llegan a la terminal. El indicador estaba expuesto. Como lo estaban el teléfono de entrada que usaban los ómnibus para pedir número de dársena y el hidrante colocado en la torre de control. Todos han caído, algunos ya no están.


Paneles sueltos


Algún chofer apurado, acaso demasiado cansado o distraído, se chocó las vallas que dan sobre calle Brown. Así quedaron, apuntaladas.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Postales de otros tiempos: O´Higgins y Brown



Una curiosa postal de otros tiempos, atractivamente coloreada, que muestra la segunda cuadra de calle Brown, arteria que hoy se destaca por su nutrido tráfico. Cuando clareaba el siglo XX apenas mostraba el paso de unos pocos paseantes y algún carro estacionado sobre el adoquinado.
A la izquierda, se advierte el denominado "Palacete de la Bahía Blanca", construido por la compañía de seguros Bahía Blanca, y demolido en 1937 para dar lugar al nuevo edificio de la tienda Gath & Chaves. A la derecha, sobre la esquina, la casa de calzados Adot, en el sitio donde hoy se ubica el edificio Taberner y la farmacia del Pueblo. También a la derecha, pero al fondo, se advierte la cúpula, ya desaparecida, de la denominada "Casa del Ángel", maravillosa obra art nouveau diseñada en 1908 por el arquitecto catalán Joaquín Saurí.
Una Bahía Blanca diferente, que uno adivina silenciosa y quieta, dueña de una geografía urbana que ha cambiado, pero ha dejado sus huellas.

lunes, 17 de agosto de 2009

Sentido adios


Los manifestantes de la escuela de Artes Visuales, la prensa y...la policía...

Alumnos y docentes de la escuela de Artes Visuales realizaron la que será, posiblemente, su última manifestación pública expresando, en esta ocasión, su sentimiento por la demolición del galpón de cargas de la ex estación de trenes del ferrocarril Rosario Puerto Belgrano. Eran, como bien se encargó de señalarlo el propio intendente municipal en ocasiones anteriores, "unos pocos" que representan "una visión" del tema. Esos pocos se vistieron de negro, señal de luto, y transportaron un ataúd de cartón. Se manifestaron desde su formación, recurriendo al arte como manera de expresión para comunicar a la sociedad un sentimiento, una idea, una propuesta. También asistieron al acto principal realizado en el parque de Mayo en memoria del general José de San Martín, para manifestar de manera personal al jefe comunal su descontento con la decisión de demoler el bien. "Tendrán otros lugares", les respondió el intendente (molesto) en referencia a futuros espacios culturales que estarán disponibles en la ciudad.




La marcha frente al galpón.


La presencia de los manifestantes durante el acto a José de San Martín.


El ataúd de paso por el palacio comunal.

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Escribió el arquitecto Rodolfo Livingston en su libro Arquitectura y Autoritarismo: "Las autoridades no son las únicas culpables: en un sistema democrático ellos son el resultante de la actitud predominante en el ciudadano común".


También señala en ese libro el abandono que por entonces (1990) tenían los galpones ladrilleros de Puerto Madero, "depósitos magníficamente construidos", algunos de los cuales había comenzado a ser demolidos con dinamita por el último gobierno militar por estar "en desuso".
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El galpón desaparecerá de la geografía urbana en los próximos días. No estará ya el valioso contraste que significaban las texturas del nuevo edificio con su antecesor, producto de la revolución industrial. La nueva terminal se verá de pronto entera, completa. El desaparecido edificio no permitirá la magia de ir mostrando de a poco su silueta, generando una impresión de sorpresa y dinamismo tan valorado en las ciudades. Serán 400 metros cuadrados de la mejor construcción (ladrillo), que durante los últimos 30 años sirvieron sin que jamás nadie se quejara de sus instalaciones.
"¿Y ahora que queda? ¿qué sigue?", me preguntaron hoy. La respuesta es simple. Sobrevivirá la obra en el recuerdo, en la historia perdida, en las viejas postales, en los malos ejemplos sobre el patrimonio, en las charlas. Se mantendrá en el error, la negación y el capricho. Sobrevivirá en la gente, en el arte y en quienes consideran que la historia de una ciudad se escribe con distintos trazos y rasgos.
"Por lo tanto, cuando construyamos, pensemos que construimos para siempre...Hagámoslo de tal manera que nuestros descendientes nos lo puedan agradecer, y pensemos, mientras colocamos piedra sobre piedra, que llegará un día en que dirán...mientras contemplan nuestras obras. "Fijaos, esto es lo que hicieron nuestros padres por nosotros!".
John Ruskin, Las siete lámparas de la arquitectura, 1849

domingo, 16 de agosto de 2009

El dolor de ya no ser



Un vecino (al que despojaron de parte de su historia), conversa con el encargado de la demolición.




Sin rastro alguno de la anunciada lluvia, con un cielo despejado y un sol radiante, las máquinas de la empresa Ingeniería Beltrán comenzaron, en las primeras horas del domingo 16 de agosto, la demolición del edificio ladrillero que sirviera como galpón de cargas de la ex estación de trenes del ferrocarril Rosario Puerto Belgrano, el mismo que durante 30 años, desde 1979, sirviera para el despacho de encomiendas de la terminal de ómnibus.

Luego de casi ocho meses de manifestada la primera inquietud por evitar su demolición, teniendo en cuenta su valor histórico y patrimonial y conformar un inmueble de 400 metros cuadrados aptos para usos diversos, el gobierno municipal concretó su decisión de demolerlo, sin dar lugar, en todo ese tiempo, a un análisis serio y respetuoso de considerar otro destino para el lugar.

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Unos pocos curiosos se fueron reuniendo en la mañana para ver como las máquinas y los hombres demolían la obra, sabiendo que en pocas horas más ese valioso testimonio de la historia bahiense sería borrado para siempre. La mayoría lo hacía en silencio, acaso como entendiendo que semejante intervención no admitía ya demasiadas palabras. Ningún funcionario municipal se apersonó en el lugar, acaso intuyendo que la intervención se enmarcará en uno de los sentidos errores que en materia patrimonial se han cometido en la ciudad. Como la perdida del edificio de New London, la casona de Mc Donalds, los elevadores de chapa de Ingeniero White o el edificio de la ex Escuela Normal. Todos referentes de nuestro pasado, sostenedores de una identidad, testimonios del quehacer de quienes nos precedieron en la conformación de esta gran ciudad.

No es cierto que quien se aferra al pasado no es capaz de sostener su presente y construir su futuro, según aseguró el intendente Cristian Breitenstein cuando, en acalorado discurso político, pretendió justificar la demolición. La ecuación es exactamente contraria. No hay manera de sostener un futuro si no se es capaz de construir el presente con un vivo respeto por el pasado.

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El galpón de la terminal ha sido demolido. La ciudad es más pobre desde este domingo.

sábado, 15 de agosto de 2009

Gran-Demolición-Gran


Ultimas horas del sábado, el galpón pronto será un recuerdo. Fue construido en 1922 por el ferrocarril Rosario-Puerto Belgrano.

El sábado 15 de agosto se completó la mudanza de los ocupantes del galpón de cargas y encomiendas de la vieja terminal a las nuevas instalaciones destinadas a tal fin. Aprovechando la condición de "feriado largo", también la municipalidad ha indicado al contratista de obra que aproveche el domingo y lunes para proceder a la demolición del histórico edificio. En las próximas horas, el histórico edificio pasará a ser parte de los recuerdos, de los bienes perdidos, del patrimonio heredado que que no supimos sostener.


"Un viajero pasa por ciudades diferentes. Lo que en cada lugar ve o deja de ver, lo que se ha conservado y lo que se demolió, expresan la concepción que esa sociedad tiene sobre su pasado y sobre la manera de conservar sus huellas. Es la expresión material de una política sobre la identidad cultural de un pueblo".
Lic. Antonio Brailovsky

viernes, 14 de agosto de 2009

El Angel de Pilade Maffi


El ángel ubicado a pocos metros de la entrada la cementerio de Bahía Blanca. Fue traído de Italia en 1930 por el vecino Pilade Maffi.

No es novedad que muchos cementerios del mundo se han convertido en verdaderos centros de arte a cielo abierto, en virtud de la importante cantidad de obras realizadas en memoria de los difuntos. La Recoleta, en Buenos Aires, es un claro ejemplo de esta manifestación. Por eso recorrer las necrópolis (del griego: ciudad de los muertos) suele traer aparejado el encuentro de algunas obras destacadas, desde su valor escultórico o arquitectónico. Uno de los ejemplos más atractivos del cementerio de Bahía Blanca es sin dudas el conocido como "Ángel de Maffi", obra realizada en mármol de Carrara por encargo del vecino y comerciante Pilade Maffi, para colocar sobre la tumba de su mujer, Rómula Navarro.


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Un ángel de la resurrección

Maffi contrató la ejecución del ángel en Italia y para su realización pidió seguir los lineamientos del Ángel de la Resurrección esculpido en 1882 por el escultor Giulio Monteverde en le cementerio de Staglieno, en Génova, Italia. Monteverde abrió con su trabajo una nueva manera de manifestarse frente a la muerte, la cual sería a partir de entonces copiada en todo el mundo. Dejó de lado las estatuas que buscaban exaltar las virtudes del difunto o las escenas de lágrimas para dar lugar a la presencia de un ángel de la resurrección, una figura femenina de carácter ambiguo y sensual, graciosa y mundana, que no ofrece siquiera un gesto de consuelo sino que parece meditar sobre la muerte sin escándalo, al tiempo de velar por el descanso en paz del muerto.


El ángel de la resurrección de Monteverde, en Staglieno, 1882

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El ángel de Maffi fue colocado sobre la tumba de su mujer en 1930. Muestra una figura de mujer sentada, con clara expresión de paz y cierto agotamiento. Una de sus manos toca su rostro y la otra se eleva, como pidiendo silencio ante la contundencia del reposo eterno. Con su pelo ensortijado y sus alas desplegadas, una túnica cubre todo su cuerpo.



martes, 11 de agosto de 2009

Unas rejas y un triángulo


El presente y el ayer de una casona art déco (foto inferior gentileza José Marcilese)

Para retomar la temática propia de este blog (cuestiones urbanas) luego de este"veranito" dedicado al deporte, vamos a recurrir a Alfio "Coco" Basile como enlace entre ambos temas. Para eso intentamos ubicar la que fuera la casa natal del Coco Basile, en calle San Lorenzo 685, a pocos metros del parque Independencia, la cual puede verse, con sus atractivas líneas art déco originales, en una nota realizada a Basile por la revista El Gráfico, en su edición del 5 de noviembre de 1968, que recrea su infancia en Bahía Blanca.



Ninguna referencia da cuenta hoy de la vivienda que fuera el sitio donde pasó su infancia el Coco Basile y sería difícil reconocerla sino fuera por un singular elemento: parte de sus rejas han sobrevivido a la reforma de la casa, incorporadas en su nuevo frente. Y como bien solía decir el arquitecto Mies van de Rohe, "Dios está en los detalles", en este caso suficientes para identificar ese inmueble.


La casa natal con el Coco, 1968. Las rejas art déco en el pequeño paredón sobre la línea municipal.


Las rejas hoy, la parte inferior sobrevivientes de la vivienda original.


La vivienda en la actualidad


La otra referencia urbana-deportiva de esta evocación es la particular esquina de San Lorenzo y Brandsen, donde sí es posible identificar el mismo muro que la cerrada 40 años atrás. Cuando Basile era pibe había en ese lugar una canchita a la que precisamente llamaban "El triángulo". "Lo usábamos para jugar cualquier cantidad de horas. En ese lugar hacíamos los desafíos de barriadas. Era muy cómico jugar en un campo con dimensiones tan raras....", contó el Coco en aquella nota.

San Lorenzo y Brandsen, 2009


La misma esquina, 1968, con el Coco.***

Una vivienda que ya no es art déco y una canchita que sigue siendo triángulo, dos sitios de la ciudad que dan cuenta de una historia.

"Pero la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en las esquinas de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, cada segmento surcado a su vez por arañazos, muescas, incisiones, comas". De Las ciudades invisibles, Italo Calvino.

lunes, 10 de agosto de 2009

Coco Basile y Cacho Feliziani (Una historia de Bruno Passarelli)

Bruno Passarelli, periodista bahiense de vasta y destacada trayectoria internacional, vive en Roma desde hace muchos años. Desde allí leyó la entrada anterior referida a la amistad entre Angel Cappa y Alfio Basile y envió a este blog una historia personal relacionada con Basile, historia que vale su peso en oro, con una notable revelación: el Coco no sólo hincha y jugador de Bella Vista. A la hora de mirar basquet, el actual DT de Boca Juniors tenía su ídolo en la avenida Alem.

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En 1990 Basile fue invitado a un programa de TV que conduce Enrique "Quique"Wolff, donde se habló de su infancia. Fue entonces que el Coco contó una vivencia de chico. "Sí, es cierto: Bahía dio fenómenos como Lito Fruet y el Beto Cabrera. Pero de pibe yo era hincha de un club de la avenida Alem, llamado Napostá, y mi ídolo era un base bajito, medio gordito, con el número 4, que se llamaba Atilio Cacho Feliziani".
Prueba de ese fanatismo es su descripción del juego que desplegaba el hombre de Napostá. "Era un jugador fenomenal, pasaba la media cancha, apuntaba y...wroom, doble seguro. Yo era entonces un pibe y como los partidos se jugaban los domingos a la mañana, agarraba la bicicleta de mi tío Viñuela, de Bella Vista, y me iba pedaleando por calle Pringles, agarraba Corrientes, 12 de Octubre, hasta la cancha de arena de la avenida, sólo para ver a Feliziani...". Hasta los nombres de las calles se acordaba el Coco, que se fue con apenas 15 años a Buenos Aires para probar suerte en el Racing Club de Avellaneda, con el cual alcanzaría la gloria.


Atilio "Cacho" Feliziani, descolgando un rebote. Fue uno de los mejores jugadores de la historia del basquet bahiense. Jugador, hincha y dirigente de Napostá. Alfio Basile iba en bicicleta desde Bella Vista para verlo jugar los domingos a la mañana.


Basile y Passarelli, en La Falda, Córdoba, 1966. El Coco con el escudito de Racing Club en su saco.

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Lucio, hermano de Bruno Passarelli, era compañero de banco de Basile en la escuela 7 de Bella Vista. De allí que se conocieran desde pibes. En 1966, Passarelli estaba en La Falda, Córdoba, cubriendo para La Nueva Provincia un festival de Tango cuando se encontró con el Coco, que estaba de pretemporada con el Racing de Pizzutti, "el equipo de José" que se preparaba para ganar todo lo que pasara cerca. De ese encuentro la foto superior que acompaña este comentario. A partir de entonces se verían un par de veces más en Europa.

"Uno de esos encuentros lo recuerdo muy bien. Estábamos en mi casa de Roma cenando, el Coco, el "Panadero" Díaz y el periodista Horacio Pagani, siendo Coco DT de la selección. En esa comida se enteró de la sanción de un año impuesta a Caniggia por consumo de cocaína", rememora Passarelli.

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Pero si a cualquiera estas historias de vida emocionaría a cualquiera, para Passarelli ninguna iguala aquella pasión de Coco Basile por Napostá. Porque ese fue, es y seguirá siendo el club de sus amores, del que fue jugador, dirigente y presidente (1969-73). El club que, como le sucede a Cappa con Villa Mitre, sigue conmoviendo cada día de su vida.


Basile frente a la escuela 7 de Bella Vista, 1968



Basile en calle San Lorenzo, la calle de su niñez, 1968.