viernes, 21 de agosto de 2009

Cuestión terminal



Más allá de ser una obra magnífica, un adelanto en materia de puerta de acceso a una ciudad que pretende posicionarse de buena manera en el mapa argentino, la nueva terminal de ómnibus de Bahía Blanca no deja de sorprender por algunas cuestiones que posiblemente se vayan solucionando en el tiempo, pero que hoy dejan en claro como algunas malas decisiones de proyecto quedan manifiestas en huellas, topetazos y recursos.


Un camino que baja y se pierde


Cómo los ómnibus que dejaban la terminal no respetaban o entendían cual era el camino de salida y acostumbraban tomar el más corto (por calle Brown), se improvisó este sistema de indicación de carriles, mediante escombros, trozos de hormigón y algún que otro elemento semi-contundente.


El peor error
La demolición del galpón de cargas. Una demolición insensata e injustificada.




Traba puertas adoquinados


Parece que los vientos y la falta de brazos hidráulicos generan movimientos inadecuados en las puertas, de manera que alguien encontró que los adoquines retirados de la vieja terminal podían servir para algo. Y ahí están...


Señalética





Un improvisada área destinada al estacionamiento de quienes llevan alguna encomienda a la terminal obligó a adoptar una señalética especial, consistente en saldos y retazos de hormigón, carteles usadas y tambores de 200 litros como buenos sostenedores. Una pinturita.


Una cabina colorida



Nos son colores colocados por algún artista contratado ni una manifestación de los alumnos de artes visuales. Desde su inauguración, los ómnibus que utilizan las primeras 15 dársenas tiene problemas al dar marcha atrás para retirarse y se chocan con mucha frecuencia la torre de control. Los colores son consecuencia de esos roces.


La torre de control, expuesta a continuos choques.


Nacido para caer



El lugar era de riesgo. Una isleta donde maniobran los 200 ómnibus que cada día llegan a la terminal. El indicador estaba expuesto. Como lo estaban el teléfono de entrada que usaban los ómnibus para pedir número de dársena y el hidrante colocado en la torre de control. Todos han caído, algunos ya no están.


Paneles sueltos


Algún chofer apurado, acaso demasiado cansado o distraído, se chocó las vallas que dan sobre calle Brown. Así quedaron, apuntaladas.

4 comentarios:

Mónica Oliver dijo...

Es impresionante ver esas falencias en una obra que se exhibe como "hija pródiga" y que impunemente tiró abajo un sólido galpón, construido para durar, no para ser exhibido!!!
Dejo este texto de León Felipe, a modo de reflexión:
"De aquí no se va nadie. Ni el místico ni el suicida. Antes hay que deshacer este entuerto, antes hay que resolver este enigma. Y hay que resolverlo entre todos. Y hay que resolverlo sin cobardía, sin huir, con alas de percalina o haciendo un agujero en la tarima.
Y es inútil, inútil toda huida, ni por abajo, ni por arriba.
Se vuelve siempre, siempre..."

Camara Viajera dijo...

Insistiré en el concepto: estas obras son para inaugurarlas, pero no para usarlas. Chingui, Chingui. Saludos

jorge dijo...

Lo que demuestran estas fotos -una vergüenza- es que una empresa privada debe urgentemente hacerse cargo de la terminal. La municipalidad está para otras cosas...Y respecto al futuro concesionario, diré que la terminal de Retiro, a la que voy dos o tres veces por semana, está en razonables condiciones de buen estado y organización, considerando la multitud que la utiliza y el ambiente tétrico que la rodea. Si sobrelleva la de Retiro, la de Bahía tiene que ser pan comido. Ojalá cuando vaya, dentro de dos o tres meses, compruebe que no me equivoqué...

Javier dijo...

No sé, pero a mí la terminal me parece un bunker. O mas bién un embudo, o una manga de ganado mas bién, la zona de dársenas está flanqueada por dos enormes paredes (con ventanita, eso sí, que es atravesada por una columna). De las dársenas se accede al edificio a travéz de una enorme pared vidriada, para por fín "entrar a la ciudad" por dos pequeños accesos, de puertas dobles ubicados sobre un frente totalmente cerrado y con aspecto a fortaleza y de estética algo reprochable para la función que cumple. Hoy en día casi todas las terminales emulan grandes portales con el frente y contrafrente lo más abierto posible y con amplias superficies vidriadas. En cambio esto, esto parece un bunker, en la antigua terminal, aunque incómoda, al menos se respira historia, o arquitectura bien hecha.